Yo también un tiempo atrás me retuve en mi casa... Pero un día tuve una experiencia con Dios.

    Soy guardián desde hace muchos años y un día (pocos años atrás) tuve una visión que cambió el rumbo de mi vida hasta entonces. Ví que llegaba a mi trabajo para cumplir con mi turno nocturno y luego de firmar me ubiqué en uno de los edificios del lugar para prestar vigilancia como de costumbre. El edificio en cuestión no tiene alumbrado, por lo cual me ubiqué en la segunda planta y desde allí comencé a vigilar. Eran como las 2:00 a.m. (aproximadamente) y observaba el cielo estrellado (sin nubes y lleno de estrellas) cuando repentinamente apareció una estrella como un lucero la cual sobresalía entre las demás (daba, además, la apariencia de estar acercándose más a la tierra) nunca antes había observado esa estrella, por lo cual me preguntaba sobre esto. El lucero se detuvo en el firmamento e inmediatamente comenzaron a ascender (subir) de todas partes de la Tierra luces a alta velocidad para encontrarse con aquella estrella. Me turbé y me sobrecogió temor, porque aunque nunca antes había contemplado aquella escena, sabía lo que acontecía. Era el Rapto (Arrebatamiento) de la Iglesia y yo no estaba preparado.

    A todo esto no sabía que aquello era una visión, pensaba que era real. Mientras pensaba en que haría ahora, pues delante de mis ojos acontecía lo que tantos y La Palabra habían hablado, fuí llevado al estacionamiento del edificio principal donde firmo mi horario de trabajo. Me encontraba a varios pies (o metros) sobre el mismo en el aire y en el espíritu. A mi lado derecho se encontraba el Espíritu Santo a la misma altura. Casi de inmediato comenzaron a caminar dentro del estacionamiento un grupo de personas (en su mayoría mujeres) con sus rostros visiblemente afligidos. Aquellas mujeres hablaban y yo les escuchaba aunque ellas no me veían. Decían: El Señor vino y nos quedamos, y por lo que nos quedamos por lo que menos nos imaginábamos. Oí mencionar entonces el nombre de un familiar como uno de los que se había quedado. Sus rostros eran unos de gran tristeza, ante lo que venía después. De ahí fuí cambiado de escena y me encontré en el Espacio sobre la Tierra, la cual veía como la ven los astronautas y los satélites. Yo me alejaba de la Tierra sin ningún traje espacial haciéndose ésta cada vez más lejana. En ese instante volví a la realidad y entonces comprendí que aquello había sido una visión. Luego de esto he procurado vivir una vida firme en el Señor, sabiendo que en cualquier momento él volverá por su Iglesia Verdadera, los que han lavado sus vestiduras para tener derecho al Arbol de la Vida.

Apocalipsis 22:14: "Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad."

De ahí también nace mi página: www.estamosllegandoya.org para concientizar sobre la necesidad de estar Preparados para su Venida.

Amigo, sólo deseo que vuelvas prontamente al Señor, porque pronto será tarde.

¡Dios te Bendiga y seguiremos dialogando! Eso espero...

Juan Carlos V

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Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne,  y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas;  vuestros ancianos soñarán sueños,  y vuestros jóvenes verán visiones. Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días. (Joel 2:28-29)

   Recientemente meditaba sobre una experiencia hermosa que tuvo mi niña de 11 años cuando tenía 10. Cierta mañana luego de levantarse para dirigirse a la escuela me llama para relatarme un sueño que apenas acababa de tener. Me dice: "Papi, escuche sonar una trompeta y seguido la voz del Señor que me decía: Sube Acá; inmediatamente pude ver que tanto yo, mi hermano mayor y tú nos levantamos al Cielo".

   Parece un sueño sencillo, pero mi alma se conmovió. La Palabra es clara en decir que en los últimos días el Espíritu Santo se derramaría sobre toda carne y estamos en los últimos días, por lo tanto vivamos la vida que agrada a Dios. No nos entretengamos en cosas efímeras, sino pidámosle al Señor que nos muestre lo que en nuestras vidas podría ser causa para ser dejados atrás.

¡Qué Dios nos ayude a vivir enteramente para él!

¡Dios te Bendiga! 
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Y me llevó en el Espíritu a un monte grande y alto,  y me mostró la gran ciudad santa de Jerusalén,  que descendía del cielo,  de Dios, teniendo la gloria de Dios.  Y su fulgor era semejante al de una piedra preciosísima,  como piedra de jaspe,  diáfana como el cristal.
(Apocalipsis 21:10-11)

Y despertó Jacob de su sueño,  y dijo: Ciertamente Jehová está en este lugar,  y yo no lo sabía. Y tuvo miedo,  y dijo: ¡Cuán terrible es este lugar!  No es otra cosa que casa de Dios,  y puerta del cielo.
(Génesis 28:16-17)

   En días recientes tuve una experiencia con el Señor. Como es del conocimiento de muchos, soy guardián de profesión por largos años ya. Regresaba de mi trabajo y como de costumbre procedí a dormir. Al caer en profundo sueño vi que caminaba con Jesús y que junto a él otro varón marchaba. Fui llevado a diversos lugares por el Señor y en parte del recorrido me fue mostrado un terremoto en Puerto Rico; la destrucción era considerable. Luego de esto el Señor Jesús se paró sobre un peñasco en una montaña y junto a él, a mano derecha, el varón que nos acompañó durante todo el viaje. Torné mi mirada hacia arriba ya que vi que el cielo se abrió formando un enorme hueco por donde emanaba un formidable resplandor de luz color oro y a la distancia una ciudad de brillante fulgor. El Señor me llamó por mi nombre y me dirigí hacia donde él estaba. Al llegar donde él, extendió su mano y yo extendí la mía las cuales se tocaron entre sí. Me dijo que pronto nos veríamos allá arriba, lo cual entendí como la cercanía de su venida por los suyos. Me ubiqué donde estaba anteriormente y Jesús se sonrió conmigo, también lo hizo así el varón a la derecha del Maestro. Me dijeron entonces que aquél varón era Miguel e inmediatamente de sus espaldas salieron unas enormes  alas. Vi en aquel momento cuando Jesús y Miguel se elevaban hacia el Cielo por aquella abertura en el firmamento.

   Hermano y amigo que lees esta experiencia, mi deseo es que entiendas la importancia del tiempo que te ha tocado vivir, tiempos finales que ameritan una disposición de nuestra parte para alcanzar entrar por las puertas de aquella ciudad que tiene fundamentos y cuyo arquitecto es Dios. No todo el que dice Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de nuestro Padre que está en los cielos (Mat 7:21). Dispón tu corazón a buscarle genuinamente, sin titubeos y en santidad de verdad, porque son pocos los que se salvan, aunque muchos digan lo contrario (Luc 13:24). Esta revelación la tuve en la mañana del 17 de octubre de 2010 luego de cumplir con mi turno de trabajo; la misma dejó una profunda conmoción en mi vida, por lo cual la comparto contigo para edificación y exhortación. Afirmémonos cada día más en el Señor ahora que todavía hay tiempo…

¡Dios te Bendiga!

Juan Carlos V





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